400 AÑOS DEL ENCUENTRO CON EL PADRE DE SANTA ROSA DE LIMA
(1617-2017)

En el marco del Cuarto Centenario del encuentro definitivo con Dios y de la entrada a la Gloria Eterna de Santa Rosa de Lima, en nuestro país se viene realizando la peregrinación de las reliquias de la Primera Santa de América, quien estará en la ciudad de Piura los días 1 y 2 de octubre; acontecimiento que nos llena de fe, esperanza y devoción, pues a través de su visita continúa anunciando el amor misericordioso de Dios por la humanidad, actualizando su valioso testimonio de vida, en la cual demostró siempre su caridad y servicio al más pobre, buscando ser signo visible de la presencia de Dios y mostrando una firme oposición a toda forma de injusticia social, corrupción y materialismo que alejan de una realización personal y trascendente a muchos de nuestros hermanos.
Por ello es indispensable reconocer que todo ser humano desde lo profundo de su ser busca alcanzar la felicidad, sin embargo olvida que esta solamente será saciada por la presencia de Dios y nunca podrá ser reemplazada por sucedáneos pasajeros.

¿Cómo alcanzar la vida eterna y la perfección?
Rosa de Santa María nos enseña cómo hacerlo. Ella alcanzó la santidad como laica en el seno de su familia. Para comprenderlo vamos a partir de la lectura del Joven Rico (Mt 19, 16 – 22)
Un hombre joven se le acercó y le dijo: «Maestro, ¿Qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?»
Jesús contestó: « ¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos.» El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió «No matar, no cometer adulterio, no robar, no levantar falso testimonio, honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a ti mismo.»
El joven le dijo: «Todo esto lo he cumplido, ¿qué más me falta?»
Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme.»
Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente.

Imagínate joven que eres tú el del diálogo con Jesús, tú que muchas veces no encuentras sentido a tu vida o que lo buscas por caminos confusos, que no te llevarán a buen término. ¿En qué parte del diálogo estás, en el del cumplimiento o en el de la perfección? ¿En el de la generosidad o en el del egoísmo? ¿En el del apego y la tristeza o en el del ven y sígueme?
Jesús y la Iglesia confían en ti joven, porque eres de grandes ideales y cuando los buscas con sincero corazón, los encuentras y eres capaz de darte plenamente.
Rosa de Santa María o Rosa de Lima, encontró este ideal en Cristo Jesús, por eso buscó el camino de la perfección, el de dejarlo todo y seguir a Jesús, por eso fue capaz de negarse y rechazar el matrimonio por conveniencia (o lo que hoy sería “un buen partido”), que le podía permitir salir de la difícil situación económica por la que atravesaba la familia, ella con la libertad de saberse hija de Dios, se mantuvo firme en su decisión porque era consciente de su dignidad, pero no se quedó indiferente ante las necesidades económicas de su familia sino que buscó los medios que estaban a su alcance: hacía bordados y sembraba flores, que luego vendía, y con ese dinero aportaba a la economía familiar, no se quedó mirando el problema sino que buscó la solución, no la solución fácil como el matrimonio por conveniencia, sino la del esfuerzo y el sacrificio, la del trabajo digno, ella vivió en plenitud estas exigencias del Maestro, que la llevarían a la perfección, porque no sólo ayudaba a su familia sino que no había enfermo, pobre, negro, indígena o esclavo a quien no prestara auxilio, porque descubría el rostro de Cristo escondido en el rostro del más necesitado, como se lo dijo un día a su madre que le llamó la atención por atender en la casa a pobres y enfermos, “cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús”. (C.E.C n 2449).

¿Por qué Rosa de Lima hacía penitencias? ¿Qué sentido tenía el sufrimiento para ella?
Rosa de Santa María, en un escrito (que lo podemos leer en el Catecismo de la Iglesia Católica n. 618), dice: “Fuera de la Cruz no hay otra escala por donde subir al cielo”. Con estas palabras podemos deducir que ella descubrió y comprendió el sentido trascendente y redentor del sufrimiento, como nos lo dice la Carta Apostólica Salvifici Doloris: “El sufrimiento pertenece a la trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto sentido «destinado» a superarse a sí mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.”
Todo sufrimiento unido a los padecimientos de Cristo tienen una trascendencia de salvación y de consolidación del bien en nosotros, nuestro espíritu está pronto pero la carne es débil, por eso, Rosa oraba constantemente porque allí recibía las gracias divinas para cumplir su misión y compromiso cristiano.
Cuando cualquiera de nosotros se encuentra en situaciones difíciles, que implican algún tipo de aflicción o dolor, somos conscientes que la primera reacción es huir, alejarnos o buscar por todos los medios evadir estas experiencias de angustia y hasta en muchas ocasiones nos molestamos y renegamos de ellas. Y es que esto nos ocurre porque nuestra confianza en Dios es débil, porque no creemos que Él no nos prueba más allá de nuestras fuerzas, porque dejamos de mirarle a Él y nos miramos sólo a nosotros mismos, por eso nos hundimos como Pedro, nos olvidamos que Jesús siempre está a nuestro lado tendiéndonos su mano para ayudarnos a salir adelante e incluso olvidamos recurrir a la oración, los sacramentos y especialmente Eucaristía para fortalecer nuestro espíritu, ofreciendo aquel padecimiento con una visión de esperanza cristiana.
Lamentablemente el valor de la penitencia, el sacrificio o la mortificación se viene perdiendo porque estamos influenciados por mensajes hedonistas y relativistas, que sólo hablan de placer, comodidad, confort, de disfrutar al máximo porque después de esta vida no hay otra, perdiendo la identidad del ser en sus niveles más profundos. Sin embargo, Santa Rosa tenía muy presente quién era y para que estaba en este mundo, porque fue una auténtica pobre de espíritu. Consciente de haberlo recibido todo de Dios, quería agradecerle todas las bondades, a través de la penitencia que tiene como finalidad superar el mal, que bajo diversas formas está latente en el hombre, y consolidar el bien tanto en uno mismo como en su relación con los demás y, sobre todo, con Dios. Por eso ella ofrecía a Dios, los dolores que se infligía, no porque padeciera algún desequilibrio, ni porque fuera una masoquista, como algunos tratan de denigrarla, sino porque quería completar en su dimensión corporal los sufrimientos de Cristo, por eso ella aliviaba el dolor de los demás que no los buscaban sino que los tenían, ella podía consolarles, hablarles, porque vivía lo que estaba predicando.
El amor es también la fuente más plena de la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta respuesta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo. El Hijo unigénito ha sido dado a la humanidad para proteger al hombre, ante todo, de este mal definitivo y del sufrimiento definitivo: la pérdida de la vida eterna. En su misión salvífica Él debe, por tanto, tocar el mal en sus mismas raíces transcendentales, en las que éste se desarrolla en la historia del hombre. Estas raíces transcendentales del mal están fijadas en el pecado y en la muerte: en efecto, estas se encuentran en la base de la pérdida de la vida eterna; por lo tanto, la misión del Hijo unigénito es vencer el pecado con su obediencia hasta la muerte, y vencer la muerte con su resurrección. (Carta Apostólica Salvifici Doloris de San Juan Pablo II). De ahí que Rosa animaba a los sacerdotes en su misión como pescadores de hombres.
Juan el más joven de los discípulos fue el único que permaneció fiel a Jesús hasta la cruz, no sólo porque había descubierto quién era Jesús, sino porque permaneció junto a la Madre de Jesús y al igual que Juan, Santa Rosa, también nos enseña a aferrarnos fuertemente a nuestra Madre del cielo, a través de rezo del Santo Rosario, a pedir su intercesión para pedir a Dios algún favor para uno o para el prójimo, como ella lo hacía, se postraba con humildad ante el altar de la Virgen del Rosario, presentando su oración llena de seguridad y confianza. A los pies de la Virgen vistió el hábito de terciaria dominica, es decir de laica dominica, fue la Madre de Dios quien le pidió que al nombre de Rosa añadiera el suyo, de ahí el nombre de Rosa de Santa María.
Nuestro querido Colegio Santa María quiere unirse a los homenajes a Santa Rosa de Lima en el IV Centenario de haber alcanzado la Vida Eterna, por eso queremos compartir la alegría y motivarles a participar en las actividades celebratorias del 1 y 2 de octubre, en nuestra cálida ciudad de Piura, con la certeza que el ejemplo de vida de Rosa de Santa María nos animará a participar más activamente en la misión de la Iglesia, orando por nuestro Santo Padre y su próxima visita al Perú, por nuestro Arzobispo, sacerdotes y religiosos (as), ofreciéndonos como voluntarios en alguna obra de bien o colaborando económicamente por los damnificados de nuestra región, ofreciendo alguna penitencia por los misioneros que sufren persecución, por los que sufren moral o físicamente, por los pobres, por el logro de una reconstrucción espiritual de nuestro querido Perú.

Prof. Norfa Ancajima Chuica