BEATIFICACIÓN

¿Madre Ascensión, mujer, religiosa, misionera, fue presentada públicamente por la Iglesia a través de su beatificación, un hecho que coloca a Madre Ascensión como modelo ante el mundo cristiano. Es un reconocimiento oficial de la ejemplaridad de su vida, su rica personalidad, su entrega generosa al servicio de la evangelización, su obra a favor de los pobres.

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Un numeroso grupo de unas 500 personas, entre religiosas y seglares, hemos acompañado en Roma este acto, gozando de su glorificación, afianzando así nuestra intuición y convencimiento de la santidad de su vida.

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Llegamos desde países remotos: Taiwán, Filipinas, Australia, Timor, Macao, India, Congo, Angola, Mozambique, Camerún, Perú, Chile, Bolivia, Ecuador, República Dominicana, Nicaragua, Guatemala, México, Puerto Rico, Portugal, España. Cada grupo deseaba representar a su país, a través del símbolo patrio y de su misma presencia. Esta variada dispersión de las misioneras Dominicas, ahora congregadas, era uno de los grandes deseos de nuestro fundadores, que soñaban con la presencia de “ Misioneras por toda América y Asia… y el mundo”. Como los granitos de sal capaces de salar la masa, como constatación de que la semilla va dando fruto: “ Ha sido mi primer y casi único anhelo el sembrar el bien, porque tarde o temprano, la semilla fructifica”.

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Y esta gran confraternización fue una de las más gratas experiencias de estas jornadas en Roma. Todas nos hemos sentido hermanas celebrando la glorificación de una misma madre. Desde las distintas culturas, tareas, nacionalidades, nos dimos un abrazo común. No había lugar ni tiempo, ni deseo para pensar en las diferencias, puesto que el objetivo común lo superaba todo.

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Caminamos mucho, queriendo participar en los distintos actos realizados; con frecuencia cansadas por las largas caminatas, el deterioro del cuerpo, o el peso de los años, teniendo que ser con frecuencia apoyadas por las más jóvenes que se adaptaban a nuestro paso. ¡Cómo no participar en un acto tan esperado por todas, especialmente por las hermanas mayores! La ilusión aligeraba el paso y aliviaba el esfuerzo. Fue un testimonio más del caminar de las hermanas que fuimos renovándonos a través de los años, según se iban entendiendo el carisma, las necesidades de las gentes, la exigencia de los tiempos; renovándose en la espiritualidad, la lectura de la realidad de los tiempos, las tareas misioneras, guiadas siempre por la orientación de la Iglesia, el impulso de la Congregación, el sentido profundo de obediencia, a la voluntad de Dios

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